sábado, 11 de febrero de 2017

La digitalización del sector energético cambiará el modelo en solo 10 años

http://elperiodicodelaenergia.com
Por Laura Ojea -15/02/2017


Articulo Español para leer y prestarle atención...

Avanzamos hacia una sociedad digital a un ritmo frenético. Las nuevas tecnologías e Internet no solo influirán en la economía sino también en el sector energético. Es una de las principales conclusiones de la jornada “La Transformación Digital en el Sector Energético”, organizada por la Fundación Alternativas.



“España está por debajo de la media de los países europeos en digitalización pero crece a un ritmo muy superior”, señala Juan Manuel Eguiagaray, patrono de la Fundación, “y es que el avance hacia una sociedad digital es una condición imprescindible del mercado único europeo, y nos encamina hacia el Internet de las cosas, todo un área de desarrollo que tiene que ver con las casas inteligentes, el cuidado de la salud, el bienestar, el smart facturing (fabricar de otra forma), las smart cities, los coches automatizados y el smart energy, donde se incluyen los contadores digitales, las centrales teledirigidas, las redes inteligentes, etc.”

La energía es un vector de digitalización y desarrollo, sin embargo, también conllevará un cambio en el ámbito laboral. El uso de herramientas digitales permitirá aumentar la productividad de cada persona empleada, haciendo mucho más eficiente, por ejemplo, las labores de mantenimiento. La Comisión Europea calcula que en 2020 habrá alrededor de 756.000 puestos de trabajo no cubiertos por falta de personal con los conocimientos necesarios, pero a su vez se perderán unos 7 millones de empleos no especializados.

Más aún, el ‘paquete de invierno’ de la UE, aunque pone el énfasis en las energías renovables, lo hace sobre todo en la eficiencia energética. De los 900.000 nuevos puestos de trabajo que se crearían con el nuevo modelo energético, unos 400.000 serían para el desarrollo de la eficiencia, un área útil por los efectos directos e indirectos.

“El nivel de digitalización de la industria eléctrica ya es muy alta, hace más de 10 años que la producción la tiene incorporada, por ejemplo, en la automatización de las centrales hidráulicas o de los parques eólicos, todo se hace desde los centros de control, y tiene una consecuencia directa en el empleo y la eficiencia”, explica Federico de la Hoz, director de la Fundación Iberdrola España, “al no necesitar tantos operarios, el empleo ha caído un 40% y los trabajadores han tenido que realizar un altísimo reciclaje para adaptarse a los nuevos puestos de trabajo, con un elevado nivel de conocimiento y especialización”.

Pero también se está digitalizando la gestión y la distribución eléctrica. “Se ha llegado a tener una precisión casi exacta de lo que se va a producir al día siguiente y la coordinación de las distintas tecnologías es muy alta, al igual que se ha digitalizado la parte financiera, la relación oferta/demanda, el trading, los mercados”, añade de la Hoz, “y la automatización de la distribución es cada vez mayor, más todavía cuando se incorporen los más de 20 millones de contadores digitales y se desarrolle la telegestión”.

El siguiente campo a desarrollar, por tanto, es el del área del consumidor final. “El cliente está modificando su manera de relacionarse con la empresa y están cambiando sus exigencias”, explica David García Moreno, responsable del Plan de Transformación Digital de Endesa, “cada vez se conecta más con el servicio de atención al cliente a través de las apps, sobre todo por información o dudas sobre su factura, pero también a través de las redes sociales, y con los nuevos contadores ahora tenemos 24 precios de consumo cada día, no se puede entregar esa información al cliente porque sería un informe no una factura, pero sí se le puede asesorar o informar sobre cómo puede gestionar mejor su consumo para conseguir cierto ahorro en la factura”.

A través del móvil, Endesa está desarrollando una app para avisar al cliente de los precios de la electricidad en el pool y alertarle lo antes posible, para que pueda desplazar sus hábitos de consumo y tener cierto control sobre la factura.

Pero en los próximos años, la tecnología irá más allá y abarcará otros sectores, como el del vehículo eléctrico o la domótica, y las eléctricas también se están adaptando para estos nuevos nichos de negocio.

Producción, transmisión y distribución, consumo… ¿qué papel jugará la regulación? “A día de hoy hay un consumidor 3.0 y una industria eléctrica 4.0, la tecnología está disponible, pero la regulación en España es estática, rígida y unidireccional, todavía está en el primer nivel o en el menos uno”, añade Andrés Seco, de la Fundación Renovables.

“Si algo describe ese futuro digital es su condición volátil, incierta, compleja y ambigua (como diría el acrónimo inglés VUCA), y van a convivir múltiples modelos energéticos, generación distribuida, red eléctrica, autoconsumo… cuyo desarrollo dependerá de la regulación”, señala Santiago Blanco, director de DNV GL Iberia y miembro de FutuRed.

En definitiva, el sector eléctrico del futuro tendrá a su alcance un gran banco de datos y su gestión (que deberá estar regulada y controlada, con un suficiente nivel de privacidad y que evite los ciberataques), beneficiará al prosumer, al productor y al consumidor, “aunque la digitalización debería permitir que la electricidad, al final, sea más barata”, concluye Blanco.



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La digitalización y el cambio de modelo energético


Por Rosa Martinez -23/02/2017

Nos encontramos en un momento en el que nuestro modelo productivo se va a transformar en torno a dos ejes: la industria 4.0 y la descarbonización de la economía, en cumplimiento de los Acuerdos del Clima de París. 
Estos procesos se van a dar sí o sí, así que más nos valdría ir planificándolos y adelantando sus impactos.

  • Hablar de la digitalización de la energía pone en un mismo plano estos dos vectores de cambio. Es decir, estamos hablando de cómo la aplicación de las tecnologías digitales a la producción, distribución y comercialización de la energía puede contribuir a la transición energética que nos permita llegar al horizonte de cero emisiones en 2050.

  • Hasta aquí todos de acuerdo. Nadie discute que la transición será renovable, ¿pero en manos de quién ponemos las renovables? La tecnología, la digital también, está cambiando la forma de producir y distribuir la energía. La gestión de la demanda, la eficiencia, el almacenamiento harán que los picos de demanda desaparezcan y por lo tanto no sean necesarias las llamadas tecnologías de respaldo. Y sobre todo la tecnología ha permitido que generar y distribuir energía esté al alcance de nuevos actores (personas, PYMES, cooperativas). La energía se ha democratizado.

  • Sin embargo, a pesar de los cambios tan complejos y con tantas implicaciones políticas, económicas, sociales y ambientales, nos encontramos ante una absoluta falta de liderazgo político. Los actores energéticos tratan de adaptarse pero sin tener claro los objetivos, lo que inevitablemente produce tensiones entre intereses y visiones contrapuestas. En este momento crucial donde todo el mundo apunta hacia la dirección marcada por el Acuerdo de París, necesitamos definir claramente un proyecto a medio-largo plazo que defina dónde queremos estar exactamente en 2050, cómo queremos llegar y poner los medios para ello, tanto regulatorios como en término de recursos.

  • Y en medio de esta ausencia de horizonte, estamos incorporando a nuestro sector energético la tecnología digital. Cada vez más nuestra energía requiere de dispositivos electrónicos y software para ser producida, distribuida y consumida. Pero, ¿somos conscientes de los retos que implica una digitalización generalizada de la energía? Aquí algunas cuestiones que deberíamos empezar a plantearnos como reflexión estratégica dentro de la transición energética, y que son comunes al proceso generalizado de automatización y digitalización de la economía:
  • Una mayor producción de dispositivos electrónicos en el mundo requerirá ingentes cantidades de recursos y materias primas. Necesitamos que los procesos sean lo más eficientes y sostenibles posible. Por ejemplo, si no nos aseguramos que los componentes y materiales de los millones de baterías de almacenamiento que serán producidas en el mundo, sean recuperables y reciclabes estaremos derrochando recursos que son finitos y caros. Hablamos mucho del pick oil, pero apenas hablamos del pick all. De todos esos materiales que necesitamos en nuestra vida digital y que llegarán a su pico de producción algún día. Pensemos qué, cómo y de qué modo vamos a producir los elementos materiales en los que se basa la digitalización.

  • Pero también tenemos un reto en la parte no tangible, el software. ¿Código abierto o propietario? ¿Cómo gestionamos las patentes? La propiedad, acceso y desarrollo de la tecnología son cuestiones principales, ya que corremos el riesgo de que nuestra energía quede cautiva en manos de unas pocas empresas que controlan la tecnología digital.

  • Hablar de derechos digitales empieza a ser una obligación en el siglo XXI; la privacidad o la gestión y explotación de datos, por ejemplo. El concepto de seguridad energética cambia completamente desde este punto de vista: ¿se imaginan un ciberataque que paralice los parques eólicos al mismo tiempo?

  • Y por supuesto la brecha digital. No solo en lo referente a lo profesional, esto es quién tendrá acceso a la formación necesaria para los nuevos empleos que se generarán, si no también a nivel de usuario. Si no nos aseguramos que todas las personas pueden adquirir las competencias digitales necesarias para participar en el nuevo mercado energético, estaremos generando desigualdad en la eficiencia, el ahorro energético o en la producción de nuestra propia energía.

La digitalización de la economía debería ser un proceso amplio en el que las instituciones se aseguren de que nadie se queda atrás. Si hablamos de la energía, como derecho básico y sector estratégico, este acompañamiento o liderazgo de lo público tiene más sentido aún si cabe. Sin embargo, desde los poderes públicos apenas se está prestando atención a este proceso imparable. Desde la configuración ministerial a la falta de un sistema de I+D+i eficiente que nos permita mantener un papel relevante en este proceso mundial, donde está en pugna el liderazgo tecnológico mundial energético.

Por lo tanto, más allá de la transición a las renovables, que insisto, ya nadie discute. Pongamos otras cuestiones claves que están cambiando y de forma irreversible nuestro modelo energético: ya no seremos personas consumidoras pasivas, sino que la digitalización nos convertirá en personas usuarias activas.

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